martes, 3 de julio de 2012

PAN Y CIRCO

Que el fútbol es el opio del pueblo es bien sabido por todos los gobiernos.
El nuestro no iba a ser menos y en un día en que tras conocer que Finlandia y Holanda frenaran la compra de deuda del fondo de rescate, nuestros representantes, so pena de la subida experimentada por la Prima de Riesgo, han decidido rociarnos con una buena dosis de esta potente dormidera para, o al menos eso creen, mantenernos sumidos en una amarga quimera de la que no habremos de despertar.

-Es así como controlan nuestras mentes y no de otra manera-.

Y mientras el narcótico cumple con su potente efecto amodorrante, alguien, desde la vigilia, pone en marcha un complejo mecanismo para evitar que todo aquel que esté sometido a dicho ardid pueda lograr descubrir la agria verdad que se esconde tras él; Una realidad que encierra tras de sí mas ajustes -o recortes- que toca pagar al ciudadano de a pie y no a aquel que día tras día, asegurando ser defensor de -para él, "la plebe"- se enorgullece de vanagloriarse de éste a su costa -o a sus costes- asegurando que el país atraviesa una grave crisis económica -resultado de su deficiente gestión-que no permite sino participar de una política económica sobria, -aun cuando seamos capaces de pagar un tour que llevase a los jugadores de la selección ante la Cibeles para festejar su triunfo o aun cuando afrontemos el gasto que se deriva de unas Jornadas Mundiales de la Juventud que parecen ser el escaparate de una Fe que pudiera librar a los púberes, ante su inexperiencia, de las "espinosas" consecuencias que para ellos se han previsto. 

Esta es la grave crisis ante la que nos encontramos: Una crisis que empobrece a los humildes enriquece a unos plutócratas cada vez más distantes del pueblo que los eligió para guiar a la nación -de la que ellos también forman parte- en un intento desesperado por defender su "patria" ante los envites de Europa -aun cuando éstos, sabiéndose poseedores de una mayoría absoluta que peligrosamente les beneficia, no pretendan más que saborear su propio triunfo que, silenciosamente, les aleja de aquellos ciudadanos en quienes dejaron de pensar hace mucho tiempo cuales burdos burócratas de ventanilla -. 

Mas ante ésto los españoles no pueden sino protestar silenciosamente ante los dueños y señores de unas tierras que disponen de los medios necesarios para acallar sus voces y evitar que sus ideas -para ellos incendiarias- se extiendan como la pólvora desmantelando así un gobierno sustentado ante una falsa democracia confeccionada sobre puntadas sin hilo que, un día, no muy temprano, abrirán un descosido en este entramado político que dará paso al gobierno de los humildes hasta que, éstos, tristemente -si nadie lo remedia- se bañen en champán con su propio egocentrismo impidiéndoles, desgraciadamente, mirar hacia el futuro, y obligándoles a centrar su atención en ganar las próximas elecciones y así, defender su basto patrimonio amasado sobre los derechos de aquellos que mas tarde les destronaran en virtud de sus propios intereses. 

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